AETHEREUM - Capítulo 1


 
«… Y así es cómo concluye el Gloriem de esta semana, con la victoria de la Casa Tyr sobre la Casa Cocoi. Despedimos la conexión.»

El murmullo habitual de la taberna volvía a romper el silencio tras acabar la conexión televisiva del torneo más sangriento de Toneri-1. La gente volvía a llevarse aquel licor barato a la boca mientras seguían comentando el resultado, pese a tener que seguir al día siguiente con sus miserables vidas. Los grandes pensadores, críticos con el sistema de casta, a día de hoy perseguidos, lo llamaban Thaeter: el aether del pueblo. Una forma que usaban los poderosos de tener a la clase trabajadora, en su mayoría paupérrima, entretenida. Kyren, sin embargo, lo aborrecía. Como todo aquello que viniese de las Grandes Casas. Su vida era una basura infecta por su culpa desde que nació y, desde hacía cinco años, era todavía peor.

Cogió un vaso, con lascas en el vidrio y marcas de sal de no haberse secado como debería y lo rellenó de licor barato para uno de aquellos borrachos que vivían más tiempo en la barra de la taberna que en su casa con su familia. 

La vida podría ser peor, al parecer…, pensaba Kyren cada vez que servía un trago a un cliente asiduo.

━¡Chico! ━se oyó un grito agudo proveniente de la trastienda━. ¡Aún tienes que terminar de hacer el inventario que te pedí ayer! ━un hombre, gordo y con menos pelo que una roca, entró en la zona de barra━. Si no lo haces, tendrás lo que te mereces…

Kyren lo miró de arriba abajo, sin cambiar el semblante. La verdad era que poco le importaba lo que aquel subser con complejo de noble le pudiera hacer. Llevaba mucho tiempo cambiando de trabajo. Así era la vida en el anillo exterior.

━¿El mismo inventario que he hecho cuatro veces y que no te sirve porque tu grasienta sesera no es capaz de entender que nos falta stock de licor de Thardos porque tu sobrino hace acopio sin decírtelo? ━la cara del hombre era un poema al escucharle━. No, gracias. Seguiré atendiendo en la barra, si no te importa, Hank.

━Señor…━apuntilló con desesperación━. Si no fuese por tu padre, el primer día que trabajaste aquí te hubiera despedido. Estás acabando con mi paciencia, tullido.

Tullido. Así era como lo conocían en el anillo. Y aún tenía que agradecer que aquel médico lograse mandarle a él, junto con su padre, a aquel lugar donde te despojaban de tu nombre y te designaban un apodo al instante. De lo más ofensivo, a poder ser. Lo que no sabían ellos, era que las quemaduras que, en un principio, sí le incapacitaban algunos movimientos, cada día iban permitiéndole recuperar rango de movilidad. Pero allí siempre sería el “tullido”.

━Como tu sobrino con el licor, entonces.

Kyren sonrió al ver la cara de enfado que se dibujó en el rostro de Hank antes de volver a meterse en la trastienda. Poco entretenimiento podía tener en su vida entre trabajos, así que se permitía el lujo de enfadar a su jefe. Y se le daba rematadamente bien.

━Vaya, vaya. Me encanta ver esa sonrisa tan bonita que tienes, manso. Es muy exclusiva últimamente.

El joven camarero se giró al oír aquella aterciopelada voz, impregnada del acento y la jerga marcados del sector seis. Allí estaba. Vestía una chaqueta de cuero desgastada por la arena de los suburbios y llevaba su cabello lavanda recogido en una trenza caótica, luciendo esa elegancia descuidada tan propia de quienes habían nacido en la frontera.

━Ebonia ━se puso tenso al nombrarla, con un escalofrío recorriendo su espalda━. Qué alegría escucharte entre tanto estiércol.

Ella sonrió, mostrando una dentadura que bien podría haber sido un collar de perlas. Era preciosa. De las pocas personas que lograban hacer que Kyren olvidara su miserable vida allí en los suburbios. Si no la única.

━He oído que tu padre está cerca de cerrar un trato con una de las Grandes Casas, manso. Supongo que es lo que tiene ser un reconocido ex francotirador del Kreg. Y, también supongo, que es una muy buena noticia para alguien que vive en los suburbios.

Kyren pudo notar la ironía en la voz de Ebonia, como la hoja de un cuchillo, caliente, penetrando en manteca. La conocía bien, o eso creía, por eso nunca se tomaba a mal aquella forma que tenía tan agradable de tratar de fastidiarle.

━Mi padre… ━no pudo evitar cerrar los puños de rabia━. Él permitió que acabáramos aquí. Hace varios años que no nos hablamos, así que… que le den por el culo. Está buscando la manera de recuperar la vida que perdió por mi culpa, supongo. 

━Vaya, manso… Quién iba a pensar que tenías tanto cariño por tu padre. Supongo que todos los que acabamos aquí abajo tenemos una historia que nadie querría contar, ¿no?

━Si quiere trabajar para la casta, que lo haga. Ojalá se aleje tanto que deje de tener sus tentáculos abrazándome, dirigiéndome ━se giró hacia la trastienda━. Todos aquí me recuerdan que lo que consigo es gracias a mi padre ━volvió a mirar a Ebonia a los ojos━. Ojalá poder poner fin a todo… Ojalá el sistema fuese más justo.

El reloj en la muñeca de Kyren comenzó a pitar con un sonido estridente que indicaba el final de su jornada. Se quitó el delantal negro, que más bien parecía una cortina rasgada, y lo lanzó sin miramientos hacia la trastienda. No gastó energía en despedirse de su jefe. Miró a Ebonia, le guiñó un ojo y ambos se dirigieron a la puerta de la taberna. 

Fuera, el aire de los suburbios era pesado, cargado con el tufillo metálico de la condensación y el humo distante de los extractores. Caminaron en silencio durante unos minutos por los pasajes angostos entre el sector doce y el uno. Apenas un par de focos parpadeaban en las fachadas de hormigón desgastado, proyectando sombras alargadas sobre el suelo encharcado.

 ━Kyren… ¿De verdad quieres poner fin a todo? ¿Sin importar las consecuencias?

━¿A qué viene esa pregunta?

━Lo último que has dicho en la taberna. ¿Sabes? Los suburbios cada vez están más contaminados. La gente se muere, literalmente. Cada vez hay más robos. La gente está desesperada. El imperio está colapsando y los burbujos ━término con el que hacían referencia a la casta por vivir en una cúpula━ siguen drenándonos la vida.

━Ya lo sé. Ese es mi deseo. Pero mírame ━hizo un gesto, abarcando todo su cuerpo━. Poco puedo hacer yo con estas putas cicatrices.

━No te machaques, manso ━le dio un codazo en las costillas━. He visto cuerpos peores.

━No me refiero a eso ━se le escapó una leve sonrisa━. Me refiero a que no puedo moverme como antes de… ━dudó en acabar la frase━. Del accidente.

Ella se puso delante suya, caminando de espaldas, mientras le miraba a los ojos.

━Bueno. Quizás no hay que luchar solo. Quizás…

Un sonido metálico interrumpió la conversación. Tres figuras se recortaron contra la penumbra al fondo del pasadizo. Eran hombres de aspecto cadavérico, con los rostros cubiertos por trapos mugrientos y empuñando pesadas tuberías de hierro mellado.

━Mirad… Si tenemos aquí a una parejita perdida ━dijo el más alto de ellos, con voz rasposa, mientras se acercaba a Ebonia━. Vaciad los bolsillos si queréis seguir vuestro paseo de una pieza.

Kyren, instintivamente, se interpuso entre el asaltante y Ebonia, sin apartarle la mirada, con el gesto envuelto en furia.

━No tenemos nada ━dijo Kyren, tratando de mantener la voz calmada━. Seguid vuestro camino.

El asaltante se fijó en la cara de Kyren y se rió, girándose hacia sus compañeros.

━Vaya, vaya… Así que el tullido nos da órdenes…

Todos se rieron de Kyren al unísono. El líder les hizo un gesto a los otros dos y fueron acercándose. Sin dar más advertencias, el hombre descargó la barra de metal con violencia directamente contra el rostro de Kyren. El impacto resonó en el pasadizo con un chasquido seco. El golpe habría sido suficiente para noquear a cualquiera, pero Kyren no cayó. Apenas ladeó la cabeza.

De la brecha abierta en su pómulo comenzó a brotar una sangre densa que emitía un brillo azulado. Ante los ojos perplejos del agresor, la herida crujió levemente, humeando, y los tejidos comenzaron a sellarse a una velocidad absurda.

Kyren sintió que algo no iba como debería. La cabeza debería dolerle, el mundo debería haber dado un vuelco ante aquel golpe, pero simplemente, una energía absurda le llevaba a actuar sin sentir nada.

Antes de que el sujeto atacara de nuevo, Kyren se llevó la mano al bolsillo trasero, sacando una empuñadura negra. Giró rápidamente la parte de abajo y se activó su holoespada. Siempre la llevaba a mano. Fue uno de los consejos de su padre. La hoja fotónica del arma refulgía en un ambar claro, chisporroteando al aire.

━¿Qué cojones…? ━el líder dio un paso atrás, con la barra de metal aún en alto y los ojos desorbitados al ver la mejilla de Kyren, lisa e intacta.

Kyren no esperó a que saliera de su asombro. Blandió la holoespada con un arco descendente. El haz fotónico atravesó el acero de la tubería como si fuera agua, dejando el corte incandescente y desarmando al tipo de un solo movimiento, cayendo de culo mientras soltaba el trozo de metal que quedaba en su mano.

Un segundo asaltante, cegado por la desesperación, intentó abalanzarse sobre él por el costado con un cuchillo de carnicero. Ignorando la supuesta rigidez de sus cicatrices, Kyren se giró sobre sus talones con una agilidad felina y sobrehumana. Trazó un tajo limpio al aire y la hoja de su holoespada cortó el brazo del atacante a la altura del codo. 

El alarido de dolor retumbó en las paredes de hormigón. El hombre cayó de rodillas sujetándose el tocón cauterizado. El tercero de los asaltantes, aterrorizado ante la escena, agarró a su compañero manco del suelo como pudo y, junto a su líder, huyeron a la carrera, perdiéndose en la penumbra del callejón.

Kyren giró de nuevo la empuñadura. La hoja ámbar se extinguió con un silbido metálico y guardó el arma en su bolsillo trasero, aún con la respiración agitada por la descarga de adrenalina. Se pasó los dedos por el pómulo: donde hacía unos segundos se había abierto una herida sangrienta, solo encontró la piel intacta.

Se giró hacia Ebonia, que permanecía petrificada junto a la pared de hormigón, con un puñal en la mano. Tenía los ojos como platos tratando de vislumbrar algún otro peligro en la oscuridad de las callejuelas. No parecía haberse dado cuenta de lo que acababa de pasarle a él.

━Ebonia. ¿Estás bien?

Ella le mantuvo la mirada unos instantes más y, acto seguido, se abrazó a él, sollozando levemente.

━Estos suburbios... cada vez son más peligrosos, Kyren ━susurró ella entre pausas, apretándole la tela de la espalda en un agarre demasiado firme para alguien desbordado por el miedo━. Nos van a aplastar a todos si nos quedamos de brazos cruzados. La gente está desesperada... y este lugar se muere.

Kyren no logró ver lágrimas en su rostro. Supuso que el shock había sido demasiado para ella. 

━Así ha sido siempre, Ebonia. Ya has visto lo que pasó en tu sector, o en el sector dos. Cuando un sector se alza y levanta la cabeza, los hunden hasta ahogarlos.

Ella se separó despacio, limpiándose el pómulo con el dorso de la mano, como si hubiese habido allí una lágrima que Kyren no alcanzó a ver. El temblor en su voz se desvaneció con una rapidez pasmosa, sustituido por un aplomo medido mientras volvía a clavar la mirada en los ojos de Kyren, esquivando deliberadamente su pómulo.

━Por eso te he preguntado si de verdad querías que todo acabase. He escuchado que hay un grupo de personas que se hacen llamar “los Deslizadores”. Dicen que quieren acabar con las fábricas de las Casas Nobles, para…

Kyren la rodeó con sus brazos y, antes de que acabase la frase, la besó firmemente. Ella se quedó rígida durante un instante casi imperceptible antes de responderle el gesto, relajando la tensión de sus hombros y dejando que el puñal, que aún sujetaba, apuntara hacia el suelo. 

━Ha sido una noche dura, Ebonia ━susurró Kyren al separarse a apenas unos centímetros de sus labios, mirándola a los ojos━. No me apetece darle más protagonismo a los asquerosos gobernantes que tenemos. Ni a nada que se relacione con ellos 

Ella asintió mientras se mordía el labio inferior, mirándole a los ojos.

━Bien, manso ━respondió, guardando el puñal en el interior de su chaqueta con un movimiento ágil y recuperando esa sonrisa a medio camino entre la burla y el afecto━. Pues acompáñame a casa.

Avanzaron juntos bajo la luz parpadeante de las farolas del sector uno. Mientras caminaban en silencio, Kyren se pasó disimuladamente los dedos por la mejilla lisa. No sabía muy bien qué le había ocurrido, pero algo extraño estaba pasando con su cuerpo desde hacía un tiempo. De eso no tenía ninguna duda.


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